19.5.20

El conocimiento y los discursos

Notas para pensar en y con la incertidumbre 

Escribe Diana Milstein 

Docente, Magister y Doctora en Antropología Social. Ha publicado libros como “La escuela en el cuerpo”, “Higiene, autoridad y escuela. Madres, maestras y médicos”, entre otros.

 

Las situaciones de crisis imprimen una abrupta e inesperada discontinuidad en el flujo de la cotidianeidad. A partir del momento que aceptamos estar expuestos a una nueva enfermedad pandémica y asumimos el aislamiento como modo circunstancial de vida, sobrevienen movimientos rápidos de desestructuración y acciones orientadas a la recomposición del vivir cotidiano. Percibimos desorganización, movilidad y alteraciones en varias dimensiones de la vida social, grupal e individual, y una tensión que nos acompaña en el día a día, generada por esta singular incertidumbre. Sabemos que existe un virus de rápida propagación frente al cual aún –y no sabemos por cuanto tiempo– no hay respuestas totalmente adecuadas. No es fácil en estas circunstancias conectarnos con lo que sabemos y conocemos porque, por momentos, parece que no sirve y sentimos confusión, vacío de experiencia. No encontramos donde afirmarnos. “El eje de nuestra vida cotidiana está de algún modo estallado y teniendo que tomar rápidamente otro diseño y otro ritmo” (Quiroga, 2020). Las medidas de aislamiento, aunque las compartamos como formas necesarias de prevención del contagio, obstaculizan todo el tejido de actividad social. Parece que estamos viviendo en suspenso. Sin embargo, el paso del tiempo no se detiene. El aislamiento opera como un marco muy general en el que los grupos y los individuos tenemos que resolver el día a día, pero con una inseguridad constitutiva propia y novedosa de este período, así como, con las condiciones materiales y simbólicas existentes al momento en que comenzó el período de aislamiento y el peligro de enfermarnos y morir por COVID19.

Por eso, nuestra inquietud aquí se dirige a cómo pensar en y con esta incertidumbre que perturba y desacomoda. Reconocer cuáles son las zonas de producción de conocimiento que deberíamos ponderar. Explorar aquellas que motorizan la posibilidad de entender lo nuevo y desconocido. Aquellas que nos estimulan a repensar lo aprendido, desnaturalizando certidumbres que esconden/disimulan/disfrazan/velan el conocimiento situado, cuya fuente son las experiencias específicas.

Y, como parte de esta misma inquietud, cómo hacer para no ser arrastrados por textos y discursos que no se detienen en lo desconocido de este aquí y ahora, como si nuestro presente no contuviera nada demasiado nuevo e importante para explorar. Artículos que etiquetan sumariamente la realidad actual con algunos conceptos –seriamente utilizados en la investigación social–, trivializados y utilizados como trampolín para saltar y esquivar la difícil tarea de lidiar con lo incierto de la compleja y desconocida realidad. Estos textos (compilados en libros como “Sopa de Wuhan” y “La Fiebre”, publicados en sitios como rebelion.org, por mencionar algunos de los que más circulan en nuestra región) son escritos por autores provenientes de distintas ciencias sociales y humanas, en muchos casos consagrados y conocidos. Pero no plantean preguntas ni problemas desde perspectivas antropológicas, sociológicas, históricas, etc. No interrogan lo desconocido. Por el contrario, caracterizan y postulan el presente e hipotetizan, y hasta aseguran, cómo será el mundo después de terminado (¿cuándo? ¿dónde? ¿cómo?) el período de la pandemia. Con una supuesta autoridad “académica” derivada de su mayor o menor popularidad mass-mediática, desprestigian la incertidumbre mediante contundentes definiciones del “presente” y del “futuro”. Probablemente esto guarde relación con la necesidad de generar estrategias de sobrevivencia de quienes los escriben. No se trata en estos casos de estrategias para lograr alimentarse, atender la salud, cuidar a quienes cuentan con menos defensas, enseñar y aprender. Son, más bien, estrategias para lograr que sobrevivan sus prestigios, sus lectores, sus pequeños espacios de poder, etc. y, en el mejor de los casos, para negar/ocultar/apagar sus propias experiencias de incertidumbres o, simplemente, como comentó un amigo psicoanalista: “les falta la falta, el poder tragar la espina agria del desconcierto”[1].

Tampoco la sorpresiva abundancia mediática de “filósofos” guarda relación alguna con la rigurosa práctica del pensamiento racional. Pese a las apariencias, lo que ha surgido (o renacido) es una nueva y audaz especialidad: la futurología. “Pandemia y futuro” es una mercancía rápidamente vendible en el mundo sensacionalista de la prensa y los medios digitales. Las profecías de Nostradamus y los intérpretes del calendario Maya tienen ahora una inesperada competencia. Los “pensadores” perciben y reflexionan sobre el tiempo futuro a una velocidad equivalente a la necesidad de los titulares de los medios. En otros casos, como la compilación anunciada por el Programa Argentina Futura, se han agrupado con igual velocidad, pero, por razones más pragmáticas y comprensibles, para ofrecer sus profecías a un gobierno, como apoyo a la “nueva normalidad” que habría de sobrevenir y que ya ellos perciben.

Sin abundar sobre esto, sólo dos breves observaciones más. La primera se refiere a las condiciones dentro de las cuales circulan estos discursos. Existe una mayor permeabilidad para escuchar estas narrativas debido a una anunciada promesa de respuestas –que luego no se dan, o no satisfacen–, permeabilidad relacionada, precisamente, con la inédita situación de incertidumbre que genera la búsqueda de mínimas certezas. Porque necesitamos, queremos saber, entender, tranquilizarnos, esperanzarnos, aquietarnos, encontrar donde afirmarnos. De ahí nuestra mayor tendencia a prestar atención y ser permeables a discursos que se consideran “autorizados”. Y también nuestra rápida desilusión.

La segunda observación se refiere a la apelación de algunas de lxs autorxs a los “movimientos sociales”, lo que otorgaría así un plus de autoridad, en este caso ya no tanto científica, sino ideológico-política. Declarando cercanías con los mismos, forman parte de la profusa franja del “progresismo” donde circula un tránsito muy variado. Desde quienes se dirigen a encontrar la resonancia y “su” público entre integrantes o simpatizantes de alguno de esos movimientos, hasta los que aspiran a ser reconocidos como “interlocutores válidos” de alguna causa noble, por parte de los niveles gubernamentales que puedan requerir mostrar su apertura y comprensión a dichos movimientos. Por lo general, en este tipo de textos, la previsible repetición de enunciados políticamente correctos no arroja respuestas a los nuevos interrogantes ni a las necesidades inmediatas del vivir cotidiano, en tanto están orientados hacia otros propósitos.

Mientras tanto, las esforzadas luchas diarias de estos movimientos en los barrios populares, en las ollas populares, en los comedores escolares, en el ir y venir de voluntarios, prosigue sin interrupción, sin que sus actores anónimos y los numerosos ejemplos de solidaridad colectiva alcancen celebridad mediática alguna.

De manera menos veloz, accedemos a contribuciones de autorxs en textos que contienen aproximaciones valiosas y serias desde sus específicos campos disciplinares, con menor repercusión mediática, pero con agudas preguntas, descripciones y análisis situados, contextualizados en realidades singulares, donde gente concreta en medioambientes particulares vive –como puede– este presente. (Entre otros me resultó estimulante leer Armus, 2020; Le Breton, 2020; Murgida y Radovich, 2020; Neiburg, 2020; Sidera, 2020; las publicaciones del blogspot “Modo Pandemia” de la revista La Marea).

En ese sentido, quiero destacar una zona de producción de sentidos que deberíamos ponderar y poner el foco de atención. Son los conocimientos locales, producidos por individuos y grupos que están viviendo esta pandemia y logran, aunque sea fragmentariamente, actuar y producir conocimiento necesario frente ella, compartir y elaborar sus experiencias, a pesar del aislamiento y la suspensión de las formas habituales de interacción. La coyuntura de la pandemia y el contexto de aislamiento preventivo, al interrumpir los encuentros sociales habituales en la calle, en las plazas, en los comercios, en las casas, en los lugares de trabajo, en las escuelas, etc., también obstaculizó el flujo de relatos individuales. Éstos, en la interacción cara a cara, nos ayudan a procesar nuestras vivencias y a incorporar conocimientos e interpretaciones que circulan y constituyen las realidades compartidas en las que vivimos. Además, ese flujo de relatos son parte de la continua reconstitución del “sentido de realidad”.

Ahora bien, dichos relatos no sólo son importantes por lo antes mencionado. También lo son porque “le dan el lugar que merecen a las incertidumbres asociadas a una epidemia. Las vivencias de los enfermos o los que temen enfermarse, las de la gente común –los anónimos, las “celebridades”, los que tienen el oficio de relatar la experiencia individual o colectiva sin editorializar– están saturadas de incertidumbres” (Armus, 2020). Estos relatos nos permiten llegar a palpar efectos muy diferentes de la desorganización y desestructuración de nuestras vidas cotidianas. Narrativas –orales, escritas, visuales, audiovisuales– que dan cuenta de cómo se reorganizan las vidas cotidianas y logran reproducirse material, social y culturalmente, aún en contextos muy interferidos y desbordados por modos precarios de subsistencia. En la elocuencia de las propias narrativas está el conocimiento que necesitamos para entender, afirmación nada nueva para la etnografía, la psicología social y para algunos enfoques de la sociología, la historia, los estudios culturales, la educación, la psicología. El punto en cuestión tal vez reside en que la preocupación metodológica –y ¿política?– de las ciencias sociales por diferenciar y jerarquizar conocimientos, ha desdibujado la importancia que tienen los conceptos y las teorías producidas como experiencias, al calor de las vivencias pensadas y analizadas colectivamente por sus protagonistas. Esos conceptos son los que captan con justeza las contradicciones y generan, o tienen las posibilidades de generar, conocimientos nuevos, descubrimentos/hallazgos en términos de la teoría social.

Para mostrar de manera ágil y breve esta idea, expongo a continuación tres narrativas en textos, fotos y dibujos[2] que invito a lxs lectorxs a leer reparando en las explicaciones y comprensiones que van gestando en y con lo nuevo.

Un relato en fotos, por ejemplo, que describe cómo, dónde, cuándo, con qué y entre quiénes se continúa haciendo y distribuyendo el almuerzo para gente de un vecindario en el AMBA, cumpliendo con los cuidados que se desprenden de las normas del aislamiento social, aun en condiciones que no son las ideales: desocupados y sin cobrar salario de manera regular a partir de la disposición del ASPO.  

 

Fotos tomadas y organizadas por Sergio Litrenta, docente, Partido Moreno, Pcia. de Buenos Aires.

 

Relatos como el de una médica neumonóloga de un hospital público de CABA. El día 18 de marzo, los aplausos que escuchó la descubrieron con una emoción linda y, a la vez, confundida con miedo. Y, al dejarse atravesar por esas emociones, pudo explicar algo de la complejidad de la crisis que empezábamos a atravesar, desde el punto de vista de lxs trabajadores de la salud pública.

“GRACIAS POR LOS APLAUSOS!!!

Fueron lindos, sí.

Emocionantes, también.

Gracias por los aplausos, pero no sé si lloré por emoción o por miedo.

Hace mucho tiempo que todo el personal de salud trabaja sin los recursos suficientes, en gran medida es nuestra responsabilidad porque NUNCA SUPIMOS HACERNOS ESCUCHAR. Y en otra gran medida, siempre fueron decisiones políticas.

(…)

AYUDANOS: #quedateencasa #aislamiento #concienciasocial

Gracias por los aplausos pero lo que QUEREMOS Y NECESITAMOS son: barbijos, camisolines, antiparras, mascaras y trajes de protección personal, cofias, botas descartables…

Todo lo que nos pueda garantizar TU correcta atención. Necesitamos que nos lo garanticen. AYUDANOS a pedir, a que no nos falte. APLAUDÍ más fuerte esta vez. Estamos tan acostumbrados a arreglar todo con tela adhesiva y esta vez no se va a poder…

(…)

Y la próxima vez, cuando esto termine y si tenemos la suerte de volver a encontrarnos, cuando pidamos que nos reconozcan APLAUDÍ CON NOSOTROS. AYUDANOS a gritar a viva voz, que también necesitamos mejora salarial, pedí junto a nosotros pago digno por trabajo insalubre (lo que nos pagan actualmente es digno de llanto), mejora de las condiciones de trabajo –de contratación e infraestructura– y que podamos salir de casa a trabajar sabiendo que tenemos los insumos suficientes y no tendremos que improvisar una vez más. Todas cuestiones que afectan directamente TU SALUD, además de nuestro bolsillo y nuestra salud mental.” (autora: Pamela Rossi)

 

Relatos escritos y dibujados, como el de tres hermanxs que concurren a una escuela primaria pública, quienes a 50 días de cuarentena lograron integrar lo que saben acerca de vivir en ASPO, pensándolo como expectativas versus realidad, sin caer en ninguna forma de reduccionismo, ni auto-referenciamiento.

 

Autorxs: Sofía, Lucía y Julián.

 

(LA ESPERANZA ES MAYOR ES MENOR EL TEMOR LOGRAMOS COMBATIRLE A LO QUE NOS RESULTABA IMPOSIBLE LOGRAMOS RETENERLO PERO AL INTENTO SUFRIMOS AL HACERLO POR ESO TODOS SE QUEDAN EN CASA ESPERANDO QUE ESTO SE VAYA TERMINANDO PORQUE TODOS HEMOS DE SABER QUE EN ESA BATALLA AÚN NO HEMOS GANADO. ESPECTATIVA VS REALIDAD. ¡EL CORONAVIRUS SE EXTINGUE! HECHO POR TRES PERSONAS Y SEIS MANOS JUNTAS EN UNIÓN).

 

Incluí estos relatos intentando equipararlos a citas de autor porque es la manera que encontré para mostrar dónde podemos ponernos en contacto con conocimiento genuino, situado y elaborado que necesitamos todxs, también los cientistas sociales. Sergio, Pamela, Lucía, Sofía y Julián, lograron narrar en y con sus incertidumbres porque se conectaron con lo que saben y conocen, para empezar a dar forma a lo que ignoran. Se ubicaron dentro de la confusión y, aún con una corta experiencia de vida como en el caso de lxs niñxs, lograron revertir el vacío y organizar en parte la experiencia de lo nuevo. Estas narrativas muestran que para pensar en y con la incertidumbre novedosa de este presente que estamos viviendo, el conocimiento no está listo para ser usado, sino en plena elaboración para ser compartido[3].

 

Referencias y Notas:

Armus, D. 2020. “¿Cómo se narra el coronavirus? Incertidumbres e historias globales”, Revista Ñ, 22 de abril. 

https://www.clarin.com/autor/diego-armus.html

Le Breton, D. 2020. “La viralidad de la risa”, Topía. https://www.topia.com.ar/articulos/viralidad-risa

Murgida; A. y Radovich, J.C. 2020. “Alerta global, salud de mercado o el derecho a la salud”. Comprender la pandemia CGA. 

https://mailchi.mp/1988820a439b/ana-murgida-y-juan-carlos-radovich

Neiburg, F. 2020. “La politización de la pandemia, los féretros vacíos y el abismo brasileño”. Nueva Sociedad. 

https://nuso.org/articulo/Brasil-Bolsonaro-coronavirus

Quiroga, A. 2020. Entrevista a Ana Quiroga. La Marea. 28 de abril. 

https://lm-conferencias.blogspot.com/2020/04/reflexiones-de-la-psicologia-social.html

Sidera, A. 2020. “Bérgamo, la masacre que la patronal no quiso evitar”. Contexto y Acción. 10 de abril. 

https://ctxt.es/es/20200401/Politica/31884/Alba-Sidera-Italia-coronavirus-lombardia-patronal-economia-muertes.htm



[1] Expresión facilitada por Raúl Dalto.

[2] Agradezco a lxs autorxs haber compartido sus relatos y haberme autorizado para incluirlos en este artículo.

[3] Agradezco a mis amigxs, compañerxs y familiares que leyeron primeros borradores y colaboraron con sus comentarios, sugerencias y, sobre todo con su aliento y buena onda, a darle forma de publicación a este artículo.

3 comentarios:

  1. Cómo siempre Diana Milstein .. lejos de la comodidad de los clichés.. conmoviendo-nos y haciéndonos reflexionar. Gracias!

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  2. Me gust0 mucho el articulo. Un enfoque interesante, novedoso que comparto.

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  3. Muy bien encaminadas las reflexiones acerca de la incertidumbre y el facilismo de los que se apoyan o anuncian futuras certidumbres como la mayoria de los autores de Sopa de Wuhan. Felicitaciones Dra. Milstein

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